Una nana para Matilda

 

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A las dos de la mañana, en la amplia terraza de un piso de 300 metros cuadrados, un muchacho rubio apoya una botella de cerveza negra en una mesa de plástico, mira al cielo y pregunta “¿Qué es el amor para ti?”

Un amigo deglute con lentitud avariciosa un trozo de longaniza, mientras mueve hacia delante y atrás una grasienta mano que nos da a entender que , mientras procesa entre sus mandíbulas  la masa de carne, su cerebro está elaborando una respuesta a la altura.

El cobijo de las generalidades, la suavidad de lo abstracto y tangencial, hacen posible que las Grandes Preguntas de la Vida decoren habitualmente las conversaciones nocturnas de los que aún no han alcanzado la treintena. El olor a pimiento quemado, los mosquitos merodeando entre esos remilgados pompones azules de los arbustos- una chica nos aclara que son hortensias mal cuidadas-, las noches fáciles de los sábados. Preguntar a las dos de la mañana en una barbacoa” ¿Qué es el amor? “ te convierte en un intelectual, una persona  profunda que brinda al público una brillante ocasión para dejar fluir su inteligencia. Preguntar a las dos de la mañana “¿Me quieres?” te convierte en un hijo de puta.

Yo, que estoy normalmente mucho más interesada en oir lo que dicen otros, lanzo mi recurrente “Honestamente, no lo sé” y sonrío.  Y honestamente, no lo sé.

Entonces, me viene a la mente una fotografía que vi la semana pasada. Heath Ledger paseando en los hombros a su hija por las aceras de Brooklyn.

Cuando nació  Matilda, Heath regaló a uno de sus mejores amigos, el cantante Ben Harper, un piano de cola y pidió que compusiera una canción de cuna para la pequeña. De aquellas teclas brotó la bonita “Happy Everafter in your eyes”, con una letra que ahora puede considerarse en cierta forma profética. Porque hace 10 años que Heath dejó  de pasear con aquella niña de gafas estrafalarias. Una sobredosis de medicamentos acabó con el joven actor, dejando a Michelle Williams sola con una criatura de 2 años en un mundo que se estaba enrareciendo.

Tras la muerte de Heath, Michelle dijo que el tiempo solo aumentaba el dolor desgarrador de una pérdida: no sanaba, echaba sal en la llaga. Mientras tanto, Matilda crecía fuerte y sana, mimada por una madre triste pero fuerte que veía cada día en su rostro la viva imagen del padre. “Susurra a los árboles, abraza a los animales, da los pasos de dos en dos. De alguna manera, sé que él sigue aquí . Y ella crecerá entre los mejores recuerdos”, dijo en una entrevista hace algunos años.

Buscando esta vieja foto, leí unas declaraciones recientes de la actriz: «La maternidad es tan diferente al resto de etapas de la vida…cuando vi a Matilde con su traje de baño montando en bicicleta junto a sus amigos mientras reía y gritaba volví a entrar en casa para llorar, porque en ese momento sentí que lo había conseguido, que mi hija era feliz a pesar de no tener a su padre a su lado».

Una de las estrofas de la nana de Ben dice:” All that i can give you is forever yours to keep,wake up every day with a dream”( Todo lo que puedo darte es tuyo para siempre. Despertarte cada día con un sueño).

Por un momento, me apetece interrumpir al tipo de la longaniza y  hablarles de la canción, de Michelle, de la foto, de la felicidad que debe experimentarse cuando descubres que no has jodido la frágil vida de un ser.

Pero, por alguna razón, menciono de pasada el triángulo de Sternberg y voy corriendo a sacar los pimientos del fuego.

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