Completamente Truman

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Hace unos meses, movida por ese mal común que sufrimos tantos lectores- el voyeurismo literario-, dediqué una indecible porción de mi tiempo a fisgonear por internet casas de escritores.
Me topé con mansiones estilo Queen Anne, viviendas de retiro en costas del Pacífico e incluso castillos- lo que no sé si me parece una deliciosa fantasía romántica o un burdo ejercicio egotrípico. Tampoco estoy tan segura de conocer la diferencia entre ambas opciones.
Y de repente, apareció como un enorme helado de limón al corte en pleno condado de Brooklyn, la casa de uno de los escritores más importantes del siglo XX: Truman Capote.

*May 09 - 00:05*

Truman Capote’s home, on 70 Willow St. in Brooklyn Heights. Vía NY dailynews

Retratada por el autor en A House on the Heights, esta vivienda fue testigo de las interminables reuniones en las que Truman compartía vino- en grandes cantidades- y sándwiches con la flor y nata de Nueva York. Conociendo la adicción al efecto sorpresa del escritor, queda rebajada la impresión que puede causar la imponente colección de gatos de cerámica, pisapapeles y esqueletos de serpiente que custodiaban aquellas paredes.
Aquí escribió obras que muchos habréis leído, por su justo puesto entre los libros de culto: Desayuno en Tiffanys y A sangre fría.
Hacía años que tenía sepultada en el olvido a la literatura de Truman, del que recordaba una prosa tan estupenda como fría.
Con Desayuno en Tiffany’s consiguió desbaratar en plena adolescencia la que había sido una de mis películas favoritas de la infancia y que, una vez leída la novela, parece una glamurosa chorrada en la que se pervierte el objetivo del libro. De hecho, el título hispanoamericano de la cinta fue Muñequita de lujo.
En cuanto a A sangre fría, aquella obra del llamado Nuevo Periodismo, fue la primera crónica que leí y consiguió desvelarme noches enteras- por curiosidad, por terror- durante dos semanas en mi pubertad. La adaptación cinematográfica de Brooks es buena, aunque tampoco me entusiasmó.
Para mí, el mejor retrato del espíritu capotiano es sin duda la memorable interpretación del añorado Hoffman. Me gusta imaginarle practicando ese peculiar acento sureño.

Quiso la casualidad que, hace unas semanas, encontrase los cuentos completos de Capote en la que es para mí la mejor librería de Sevilla, la librería Palas.
Aunque leo novelas, ensayos o poesía con deleite, siempre he sentido predilección por los cuentos, tan denostados en España. Son toda una prueba de fuego en cuanto a estructura, lenguaje y desarrollo de personajes.

Leídos y releídos los cuentos completos he de decir que Truman logró algo inusual.
Si bien se sirve de un lenguaje elegante, de un estilo cuidado, cada frase es un punzón. Pasea por aquí el hombre que estaba convencido de ser “especial y merecer una vida especial”, ebrio de fama, con sus eternas gafas Lemtosh, pero entrecruzándose con aquel niño que jugaba con su vecina- Harper Lee- durante una desoladora infancia en Alabama.
Cada relato incluye complejos registros emocionales, un universo propio, un trozo de vida.
Todas las historias me han llevado a una reflexión, me han conmovido. Pero tengo mis predilectos: una guitarra de diamantes, La leyenda de Preacher, Profesor Miseria y Un árbol de noche.
A veces pasamos horas y horas ideando planes con una persona aunque, finalmente, uno de los dos tropiece y el otro avance, consciente de que solo puede salvarse a sí mismo. Ojalá no tengamos que acariciar demasiados cristales amarillos.
Veremos estaciones en las que “los carámbanos colgarán del alero como los malignos dientes de algún monstruo de cristal” y entenderemos que la candidez no es la mejor baza, que hay que estar preparado para temblar y fascinarse ante lo estrafalario del mundo.
Encontraremos retratados los delirios de superioridad, el bálsamo de la religión, el choque generacional y de clases, los rituales encubridores, la ristra de personajes que a codazos intenta encontrar su sitio- o al menos, no perderse en lugares más espesos-.
Y si somos afortunados, burlaremos al Profesor Miseria.
Bravo por Truman Capote, pues consiguió su propósito: “Relatos definitivos, bien hechos por naturaleza, como una naranja”

Rendezvous With Truman Capote

Truman Capote. Photo by JARNOUX Patrick/Paris Match via Getty Images.

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